Hace 30 años en pleno verano sentimos que quedábamos más solos y acompañados a la vez.
Zitarroza se había ido sin aviso, o avisando quizás, pero como nos habíamos acostumbrado a él no nos dimos cuenta.

Caminamos en un Montevideo de vacío veraniego con profunda tristeza y desasosiego por Ejido o una calle similar, rumbo al sur, junto a su féretro, éramos muchos, pero no tantos, hasta el Central.
Con el tiempo comprendimos que su partida había sido llegada, su compañía permanente, revivida y resignificada nos permitió ser un poco lo que fuimos y somos. Otros serán sin duda, en parte por su arte, y por su vida como parte y arte, también.

Muchas cosas pasaron, muchas y muchos también pasarán, sin embargo, Alfredo sigue ahí, en la memoria que revive emociones, certezas e incertidumbres en los momentos más profundos e íntimos en los cuales vamos a una canción, que canción es.

30 años de la partida ALFREDO ZITARROZA, y sin embargo siempre está llegando para que podamos CRECER DESDE EL PIE.
GR