La violencia que sacude desde el miércoles al noreste del estado
brasileño de Ceara proseguía el domingo pese al despliegue de al menos
300 miembros de la Fuerza Nacional de Policía, de élite, designados por
el nuevo presidente Jair Bolsonaro, en un esfuerzo por frenar los
disturbios. En los disturbios del domingo varios autobuses y automóviles
fueron incendiados y varias estaciones de servicio fueron atacadas en
Fortaleza, la capital, y otras seis ciudades al menos, así lo informó el
departamento de seguridad pública del estado.
La policía mató a dos sospechosos en un tiroteo. Más de 100
personas han sido detenidas desde que estalló la violencia el miércoles.
El ministro de justicia Sergio Moro ordenó el despliegue oficial de las
tropas luego de decenas de ataques ocurridos esta semana en tiendas,
bancos y autobuses. Los soldados patrullan ahora esa localidad del
estado de Ceará.
El gobierno cree que los ataques fueron ordenados por pandillas de la
delincuencia organizada en represalia por los planes de Bolsonaro de
imponer controles más estrictos en las cárceles del estado. Las
pandillas carcelarias brasileñas son poderosas y su alcance va más allá
de los penales.


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