Notas para la memoria feminista (Uruguay 1983-1995),
editado por Cotidiano Mujer, 2018,
Montevideo, 211 páginas
Una excelente edición (gratuita, que puede adquirirse en la sede de Cotidiano Mujer o directamente en la página web de la misma: http://www.cotidianomujer.org.uy, en versión PDF), con textos de Lilián Celiberti (y como compiladora), Graciela Sapriza, Niki Johnson, Beatriz Ramírez Abella, Ana Lauri di Giorgi y Susana Rostagnol, del colectivo Cotidiano Mujer(1) nos da un panorama, con diferentes registros, de la historia de la lucha de las mujeres uruguayas por sus derechos, particularmente el período comprendido entre el fin de la dictadura y principios de este siglo (aunque Graciela Sapriza, por ejemplo, extiende sus apuntes casi hasta nuestros días, y hay claras referencias a los orígenes de esta lucha en el tercio final del siglo XIX).

El objeto de este libro es, por un lado, el registro de los diferentes momentos y estrategias del movimiento feminista, y de ese modo “dejar constancia de que los derechos conquistados no cayeron del cielo”, y elaborar una visiĂłn crĂ­tica del mismo pero, por otra parte, apuntar hacia el futuro de este movimiento que, sin duda, revolucionará, aĂşn más, muchos aspectos —polĂ­ticos, econĂłmicos, sociales, sexuales— del relacionamiento entre gĂ©neros y, por extensiĂłn, a toda la humanidad.

Los inicios

La historia del movimiento feminista comienza, según consigna Graciela Sapriza, en 1881 cuando el Comité de Mujeres Socialistas convoca a afiliarse a la Primera Internacional (AIT), y está relacionada al mundo del trabajo y a las corrientes sindicalistas. En 1911 se crea la sección uruguaya de la Federación Femenina Panamericana, donde se destaca María Abella. Pero es con la maestra Paulina Luisi cuando el movimiento feminista toma conciencia como tal en la lucha por sus derechos de género, desde el Consejo Nacional de Mujeres (1916) y la Alianza para el Sufragio Femenino (1918). Desde ya hay dos visiones de ese movimiento: las que veían al voto como la piedra angular de todos los derechos, y quienes querían un salario igual para igual trabajo. A través de la Revista Acción Femenina (1915-1924) se insta a la lucha por el sufragio femenino y éste se otorga recién en 1932 aunque por el golpe de Estado de Terra se deberá esperar hasta 1938 a que éste se haga efectivo. Sin embargo, pronto queda claro que sólo con el voto no alcanza para que la igualdad entre el hombre y la mujer sea efectiva. En 1942 ingresan cuatro diputadas al Parlamento y gracias al trabajo de estas se aprueba la Ley de Derechos Civiles de la Mujer (1946), bajo la presidencia de Juan José de Amézaga. Con esta ley se podría cerrar la primera etapa del movimiento feminista. El conjunto de estas medidas a favor de las mujeres (el voto y la Ley de Derechos Civiles de la Mujer, que consagraba la igualdad de derechos civiles. Por ejemplo, esta ley le permite a la mujer administrar sus bienes, comprar y vender por sí, compartir la administración y división de la sociedad conyugal y el ejercicio de la patria potestad de sus hijos menores de edad, aunque se divorcie y se case con otro hombre), crea el mito igualitario de Uruguay en los años cincuenta, aunque esta igualdad no era, por supuesto, total. La inclusión de las mujeres en el Poder Legislativo no sobrepasó el 3% hasta 1973. Es de destacar que Alba Roballo es la primera ministra (Educación) del Estado uruguayo, aunque fuera sólo por un mes, en 1968.

En los años sesenta, en medio de un mundo convulsionado donde habĂ­a movimientos de mucha actividad y conflictividad social (jĂłvenes y estudiantes, minorĂ­as Ă©tnicas y raciales, pacifistas y ecologistas, entre otros), se da lo que se ha dado en llamar la Segunda Oleada feminista, principalmente en Europa y Estados Unidos, bajo la consigna “Cambiar la vida”, es decir las condiciones materiales y la calidad de vida, en la esfera personal (familia, matrimonio y divorcio, crianza de los hijos, sexualidad y afectos) y pĂşblica (el trabajo extradomĂ©stico). En la polĂ­tica se buscaba una relaciĂłn horizontal de igualdad. En estos años podemos ver que hay tres ramas de acciĂłn: liberal, radical y socialista.

Las mujeres en el Uruguay

No fue sino hasta el ocaso de la última dictadura que el movimiento feminista empieza a cobrar fuerza en Uruguay. La militancia feminista provenía, principalmente, desde la izquierda, que aspiraba a un cambio radical de la sociedad, y luchó por hacer visible lo invisible: la violencia doméstica, el acoso callejero, el abuso y la violación en el matrimonio, pero también buscaba que hubiera igual salario por igual tarea, así como la accesibilidad a puestos más altos, en igualdad de condiciones. Se da, entonces, una reelaboración simbólica y subjetiva de la experiencia social de las mujeres.

Durante la dictadura, las mujeres estaban integradas en la militancia sindical y polĂ­tica, y fueron vĂ­ctimas directas e indirectas del Terrorismo de Estado, por lo tanto su militancia fue mediante la lucha por la resistencia contra la dictadura, expresada tambiĂ©n dentro del hogar en la lucha por la subsistencia familiar, y todas las instancias, sindicales, polĂ­ticas, sociales, en la recuperaciĂłn democrática. Las organizaciones de mujeres se expresaban en torno a los derechos humanos: Madres, Abuelas, Familiares, Hijos de presos polĂ­ticos. Con la instalaciĂłn de la Conapro (ConcertaciĂłn Nacional Programática), surge la Mesa Mujer con la aprobaciĂłn de cinco documentos: EducaciĂłn, cultura y medios de comunicaciĂłn, Mujer y trabajo, Salud, Status legal y participaciĂłn polĂ­tica de la mujer (esos documentos “en vez de servir como base para una polĂ­tica de Estado —porque el nuevo gobierno de Julio MarĂ­a Sanguinetti, colorado, los dejĂł de lado—, se usaron en la interna del movimiento como herramienta de concientizaciĂłn). Se crea el Plenario de Mujeres del Uruguay, que se integra a la Intersectorial (enero 1984), y el Grupo de Estudios sobre la CondiciĂłn de la Mujer en Uruguay.

Es en ese momento, de una gran euforia militante, con discusiones y reuniones permanentes, donde se expresa la consigna que sintetiza la lucha de las mujeres durante todo este perĂ­odo (y que aĂşn no se ha agotado del todo): “lo privado es polĂ­tico”. AsĂ­ como se buscaba democratizar la sociedad a la salida de la dictadura, tambiĂ©n se buscĂł democratizar el hogar, repartir las tareas domĂ©sticas y laborales para que la mujer, que era el eslabĂłn dĂ©bil, pudiera ejercer en la práctica sus derechos. A pesar de todo ello, no se obtiene ninguna parlamentaria, quizá como resultado de la actuaciĂłn de la imagen masculina del poder. ExistĂ­a una “hipocresĂ­a sexual” en la izquierda uruguaya, que se manifestaba por 1) los que tienen un pensamiento polĂ­tico global progresista pero una práctica reaccionaria en la sexualidad y con respecto a las formas de las relaciones personales, y 2) práctica liberal y discurso conservador (por ejemplo con el tema del aborto). En el Frente Amplio se habĂ­a creado la ComisiĂłn de Mujeres en 1983, que fue un espacio muy avanzado en ese momento polĂ­tico, y en 1987 se da el Primer Encuentro de Mujeres del FA, que busca la defensa de los derechos y la igualdad de la mujer.

Fue la instancia del Voto Verde(2) lo que generĂł un quiebre del movimiento feminista. Por un lado, que fueran tres mujeres quienes encabezaran la coordinaciĂłn pro referĂ©ndum contra la llamada Ley de Caducidad (Ley de la PretensiĂłn Punitiva del Estado), que instrumentĂł la impunidad para los delitos y violaciones a los derechos humanos por parte de militares y policĂ­as durante la dictadura (Elisa Dellepiane de Michelini, Matilde RodrĂ­guez de GutiĂ©rrez Ruiz y MarĂ­a Esther Gatti de Islas), generĂł una expectativa popular y se expresĂł en la ConcertaciĂłn de Mujeres, que era “bastante homogĂ©nea en tĂ©rminos de perfil social” (segĂşn Niki Johnson). TambiĂ©n hubo un grupo de mujeres del Partido Colorado que impulsaron el Voto Amarillo, para que no se investigaran ni castigaran los delitos de lesa humanidad cometidos por la dictadura. Por otro lado, la CoordinaciĂłn de Mujeres propugnaba la lucha por leyes sobre gĂ©nero, contra el aborto clandestino, la violencia domĂ©stica y la reglamentaciĂłn de la Ley 16.045 de Igualdad de trato y Oportunidades en la actividad laboral, y veĂ­a esa instancia de referĂ©ndum como una opciĂłn personal. La derrota del Voto Verde no logrĂł recomponer el movimiento, pero sĂ­ tuvo instancias de coordinaciĂłn en otros temas. HabĂ­a, por cierto, un mĂ©todo de acciĂłn apoyándose desde lo institucional donde impulsar acciones y demandas feministas para arrancar algunas conquistas, pero tambiĂ©n una crĂ­tica radical antisistema, que buscaba actuar “desde fuera del sistema” para no ser cĂłmplices del mismo y que no les robara el discurso. En sĂ­ esa discusiĂłn aĂşn hoy no está saldada, aunque ambas visiones tienen muchos puntos de contacto. Es decir: 1) participar desde la institucionalidad pĂşblica para incidir en polĂ­ticas especĂ­ficas, integrando gobiernos, y 2) de acciĂłn autĂłnoma, por sospecha de cooptaciĂłn que redunde en una rearticulaciĂłn del patriarcado. De hecho en la actualidad se utilizan ambos mĂ©todos de lucha, por separado, pero que confluyen puntualmente, como quedĂł demostrado en las multitudinarias marchas del 8 de marzo de 2017 y 2018, fundamentalmente por los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas y la aprobaciĂłn de una Ley al respecto (3) .

DespuĂ©s de eso el tema del aborto fue primordial. Lo que predominaba era la voz de los hombres y justo eso es lo que se cuestiona: “el eje era incorporar la experiencia social de las mujeres al debate”, para que se escuchara su voz (a ese respecto la revista que publicaba Cotidiano Mujer fue la que iniciĂł la campaña a favor de una ley que despenalizara el aborto, desde el relato histĂłrico del feminismo apoyado en documentos). Esa campaña, para legalizar el aborto, comienza en 1989, pero no todos los grupos de mujeres acompañan ese debate, pero en el fondo de la discusiĂłn se intentaba hacer ver a la maternidad como una opciĂłn y no como una especie de destino divino e inexorable. Fue asĂ­ que se instalĂł una dinámica de “lobby” transpartidaria, ya que el tema del aborte recorrĂ­a transversalmente a los partidos polĂ­ticos. La oposiciĂłn a esa ley fue encabezada por la jerarquĂ­a de la Iglesia CatĂłlica e iglesias pentescotales.

La ley de cuotas significó un aumento de diputadas y senadoras, aunque en otros ámbitos no se realizó (en el Poder Judicial, por ejemplo, las mujeres son mayoría en los juzgados departamentales y locales, pero en los tribunales alcanzan casi la paridad con los hombres mientras que en la Suprema Corte de Justicia no hay ninguna mujer).

La creaciĂłn del Instituto Nacional de las Mujeres (2005), que viene del Instituto Nacional de la Mujer (1987-1992) y del Instituto Nacional de la Familia y la Mujer (1992-2005), ha dado otro impulso al movimiento feminista que ahora está abocado a lo diversidad (cien mil personas marcharon el Ăşltimo 28 de setiembre bajo la consigna: “Nuestro derecho a ser es urgente”, y, en ese marco, a la aprobaciĂłn de la Ley Trans)(4).

Una menciĂłn aparte merece el análisis realizado por Beatriz RamĂ­rez Abella sobre la historia de la mujer negra, que ha sido una narrativa omitida sobre su condiciĂłn, su historia y circunstancia, invisibilidad e hipocresĂ­a, donde en su persona se conjuga el racismo, el sexismo y el clasismo. “El feminismo negro conforma una base ideolĂłgica emancipatoria”, dice la autora, desde su origen esclavista y el fin de su esclavizaciĂłn: como productora en tanto mercancĂ­a, y reproductora como generadora de mano de obra barata. Desde Soledad Cruz, lancera de Artigas, hasta nuestros dĂ­as, pasando por el pseudocientificismo y el darwinismo social que considera inferior al negro y donde la mĂşsica y la poesĂ­a, especialmente, son espacios de resistencia, junto al activismo negro (principalmente norteamericano de la dĂ©cada de los sesenta: Marthin Luther King, Stockely Charmichel, Malcom X) y acadĂ©mico. TambiĂ©n entre los negros se dio la circunstancia de dos estrategias bien definidas: la de integraciĂłn, entre negros y blancos, con el pacifismo, la no violencia de King, y el orgullo negro, expresado en un retorno a Africa (Garvey) y en mĂ©todos separatistas (se pretendĂ­a que un estado dentro de Estados Unidos fuera exclusivo de poblaciĂłn afrodescendiente) o incluso mĂ©todos armados para luchar contra la opresiĂłn (las Panteras Negras). Al respecto, pero en tĂ©rminos locales, hay una reciente publicaciĂłn que trata de los hallazgos arqueolĂłgicos del CaserĂ­o de Filipinas (el caserĂ­o de los negros), y cĂłmo, de quĂ© manera, se intentĂł invisibilizar la esclavitud en Uruguay.

La regiĂłn y el mundo

En 1975 la ONU, en una conferencia intergubernamental realizada en México, estableció el Año Internacional de la Mujer, y podríamos fijar esa fecha como el comienzo del trabajo de las ONG, como redes de organizaciones sociales no gubernamentales. Además, hay una creación de oficinas y espacios especializados, dentro de la ONU, y un avance en la legislación internacional. En 1979 se realiza la Convención de Naciones Unidas sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación Contra la Mujer. A nivel regional se realizan encuentro feministas de América Latina y el Caribe desde 1981, que marcan el eje de reivindicaciones y estrategias institucionales, redes de Salud (1984), América Latina y el Caribe de Educación Popular (1988), contra la Violencia Doméstica y Sexual (1990), todas ellas son redes regionales pero que tienen acción política nacional. En el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe (Bogotá, julio 1981), donde no participó ninguna uruguaya (en 2017 Uruguay fue sede de la 14 EFLAC), donde se planteaba el compromiso con cambios sociales profundos, dirigir las actividades hacia mujeres de los sectores más oprimidos, debido a la constatación de la feminización de la pobreza. El III Encuentro Feminista, en Bertiaga (Brasil), con una participación de 860 mujeres, y donde participan mujeres uruguayas, se da un diálogo muy fructífero, en el marco de un pluralismo y el reconocimiento de los varios feminismos. La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer (1994).

Pero la principal fue la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de la ONU, en 1995, en Beijing, donde participaron diez organizaciones feministas uruguayas. Tras dicha conferencia hubo una Comisión de Seguimiento de los Acuerdos de Beijing que se creó en Asamblea Nacional donde participaron 240 mujeres en representación de 42 organizaciones de todo el país (con representación en los 19 departamentos). Al año de creada ya eran 70 las organizaciones, y estableció una agenda mínima para las mujeres de todos los partidos políticos, de forma horizontal.

Una de las nuevas teorías sobre el tema, muy controvertida, por cierto, y que entraría de lleno en la llamada Tercera Ola del feminismo, es la teoría queer. Esta podría definirse como un conjunto de ideas sobre el género y la sexualidad de las personas que sostienen que los géneros, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales no están esencialmente inscritos en la naturaleza humana, sino que son el resultado de una construcción social, variando en cada sociedad. Es decir que denomina a las personas según la identidad y no según su sexo biológico, pero esa construcción sería a nivel personal y no hay, aún, acuerdo completo en la definición precisa ni en sus parámetros sociales. Es una teoría en construcción y muy polémica.

Como conclusiĂłn.-

En suma, las mujeres fueron protagonistas de una “revoluciĂłn silenciosa” durante el siglo XX, donde a) luchan por los derechos polĂ­ticos y civiles —a comienzos del siglo XX—, y b) luchan por la democracia en el paĂ­s y en el hogar tras la dictadura, pasando por la consigna de que “lo personal es polĂ­tico”. La tercera oleada feminista, durante la que estamos actualmente, es en torno a la diversidad, que se expresa en el movimiento LGTBI, en las teorĂ­as queer, pero tambiĂ©n en la bĂşsqueda de la igualdad y/o equidad social y de oportunidades polĂ­ticas y laborales para las mujeres.

Como sĂ­ntesis podemos transcribir este párrafo de la página 79: “El movimiento de mujeres se ha convertido en un denso entramado de organizaciones polĂ­ticas, gremiales, feministas y de desarrollo social, asociaciones acadĂ©micas y centros de investigaciĂłn altamente especializados, a los que se sumaron las nuevas organizaciones de la diversidad sexual, aliadas naturales del movimiento de mujeres y punta de lanza en la lucha por la consagraciĂłn de los derechos sexuales (Ley de Matrimonio Igualitario y derecho a adaptaciĂłn por parejas diversas, tambiĂ©n aprobadas y promulgadas en el perĂ­odo 2009-2015). Estas organizaciones se articulan en redes y grupos de trabajo nacionales, regionales y mundiales”.

Por último, el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz tanto a un ginecólogo congoleño, que junto a su equipo médico ha atendido a mujeres violadas, Denis Mukwege, y Nadia Murad, activista yazidí que fue esclava del Estado Islámico, otorgamiento que pone el foco en acabar con el uso de la violación como arma de guerra, nos impulsa a ejercer acciones tendientes a terminar con este flagelo que, tanto en tiempos de guerra como de paz, se cierne como una amenaza constante contra decenas y cientos de miles de mujeres en todo el mundo, e incluso, como en multitud de casos que han ocurrido en varios países (Irlanda, Estados Unidos, Chile, Alemania, Argentina, El Salvador, etc.) el horror de los abusos sexuales a menores dentro de la iglesia católica, para los cuales el Papa Francisco ha pedido perdón y las víctimas exigen acciones en concreto en pos de la verdad y la justicia.

Fuente: Sergio Schvarz