La jugada política de Sanguinetti fue, como otras veces, muy audaz y
temeraria. Tal vez Julio María le esté midiendo el aceite a la oposición
y a la ingenuidad de los electores, y para eso se valió del olvido y de
la juventud de muchos que votan por primera o segunda vez y que ignoran
la verdadera historia del delito en Uruguay, muy particularmente la
historia del narcotráfico y, sobre todo, no conocen al protagonista de
esta anécdota, un verdadero profesional del engaño. Lo de Julio María
fue bastante sucio y desleal, en realidad su afirmación fue
increíblemente mezquina. Da pena tratándose de alguien que aún tiene el
respeto de un sector mayoritario, quizás un sesenta por ciento, de un
partido en extinción.
No
la hizo cualquiera, la hizo el dos veces presidente, quien se apresta a
dar un salto mortal y sin red para conseguir poner de pie al Partido
Colorado y para darle una mano a Pompita, ayudando a construir un
bloque conservador con el propósito de impedir un nuevo triunfo del
progresismo y restaurar los privilegios de una clase dominante que ha
resuelto que tiene por delante la lucha final y está dispuesta a ganarla
a sangre y fuego.
Un día antes de declarar que con el Frente Amplio (FA) habían
ingresado los narcotraficantes a nuestro país, amenazó con una campaña
electoral en la que la opción era entre democracia o Maduro.
Como toda operación política de Sanguinetti,
cuyo carisma e inteligencia no tendría sentido ignorar, es una obra
maestra de perfección y perfidia. Comienza con un no muy destacado
título en primera plana con su foto, que dice: “Sanguinetti: ‘Las bandas
de narcos llegaron hace diez años’”. Adentro, en página 2, descarga
toda la artillería: “Sanguinetti: ‘Las bandas de narcos llegaron con el
FA’”. En la nota, que publica El País, puede leerse: “Hace diez
años no se hablaba de bandas de narcos y eso fue en los gobiernos
frenteamplistas. Es un cambio cualitativo tremendo con un impacto
indudable”, explicó, destacando que “el impacto de la pérdida del temor
al riesgo de la droga en el país es alarmante”.
Ya está lanzada la semilla envenenada de la operación política que
podemos llamar “Culpar de la droga al FA”. Empieza así, casi sin
destaque (aunque con una carga brutal) y ahora comenzará a ser repetida
una y otra vez por todos los medios masivos de difusión que sirven al
poder del dinero (en artículos, reportajes, informes, noticieros,
magazines, pretendidos programas de opinión, como Esta boca es mía y Todas las voces,
y hasta en programas de entretenimiento que difunden consignas
políticas para asociar el temor a la delincuencia -que se ha convertido
en el principal problema de los uruguayos, según las encuestas- con “la
droga introducida por el FA”.
Pues bien, la droga, como
demostraremos y como puede comprobarse repasando la historia del país,
llegó a Uruguay en el primer gobierno de Julio María Sanguinetti. Y
recién comenzó a combatirse con energía en las postrimerías del gobierno
de Jorge Batlle.
En 1989, en pleno gobierno de Sanguinetti, fue detenido en Punta del
Este el joyero argentino Raúl Vivas, que había utilizado el cambio
Italia para lavar 1.200 millones de dólares procedentes de la venta de
la droga. El argentino lavaba dinero “a través de la venta real y luego
ficticia de oro a Estados Unidos (EEUU). Para ese entonces, en 1987,
Uruguay era el segundo país exportador de oro, detrás de Sudáfrica”. Muy
“curioso porque no teníamos ni una mina de oro”, publicó entonces La República.
Raúl
Vivas fue extraditado a EEUU, donde se supone que está cumpliendo una
condena de 515 años de cárcel. El cambio Italia fue cerrado por el Banco
Central del Uruguay (BCU) por dedicarse al lavado de dinero, pero
ninguno de sus propietarios y directores fue procesado. Ante un caso tan
evidente, mucha gente habló de protección especial de algún gran poder
para esa gente. Un alto dirigente del Partido Nacional, años después
ministro del Interior del gobierno de Luis Alberto Lacalle, fue
mencionado entre los nombres que estarían comprometidos con el
mencionado cambio.
Tanta presencia había del narcotráfico en Uruguay en los primeros
gobiernos posdictadura, el de Sanguinetti y el de Lacalle, que en
febrero de 1991, también en Punta del Este, fue detenido Ramón Puente
Patiño, contador del cártel de Cali.
Fue el cerebro del famoso
caso “Yomagate”, que involucraba a Amira Yoma, cuñada del entonces
presidente argentino Carlos Saúl Menem. Por lo menos cuatro sociedades
anónimas uruguayas permitieron lavar parte del dinero que una banda de
narcotraficantes trasladaba en valijas a Ezeiza, donde Ibrahim al
Ibrahim, esposo de Amira Yoma y director de la aduana del aeropuerto
(pese a que no era ciudadano argentino y ni siquiera hablaba español),
era una garantía para el pasaje de las famosas valijas. Según la prensa
de la época, en varias ocasiones Amira trasladó en una camioneta Peugeot
Break color gris las valijas a Punta del Este y depositó el dinero en
bancos de plaza ubicados en la avenida Gorlero.
El “contador del cártel de Cali”, como se conocía a Puente Patiño,
fue extraditado a EEUU desde Uruguay y condenado allá a 30 años de
cárcel. Todos los otros involucrados, salvo el boliviano Emilio
Setelich, directamente vinculado a Puente, zafaron de cualquier
investigación o condena.
Alguien tan insospechable de izquierdismo como Gabriel Pereyra escribió el 1º de febrero de 2016 en El Observador (Adivinanza:
¿cuándo empezó la transa de drogas en Uruguay?): “En 1989, el argentino
Raúl Vivas fue detenido en Punta del Este acusado de lavar dinero del
narcotráfico a través del cambio Italia […] En 1990, el narcotraficante
Omar Clavijo era considerado el rey de la cocaína en Punta del Este.
Terminaría sus días ejecutado por narcos paraguayos por un asunto de
dinero […] En 1994, un informe de la DEA, agencia antidrogas de EEUU,
señaló a Uruguay como un importante centro de lavado de dinero del
narcotráfico. Esto fue público, incluso salió en los diarios”.
Segundo gobierno de Sanguinetti y llegada de los mexicanos
Siguiendo
la tendencia del negocio, tras los colombianos llegaron los mexicanos, y
también ocurrieron otras cosas. Sigue Gabriel Pereyra: “En 1997 se
detectó la presencia en Uruguay del cartel de Juárez, en ese momento la
organización criminal más poderosa de México. Esto fue público, incluso
salió en los diarios […] En 1999, el agente de la DEA (agencia
antidrogas estadounidense) Abel Reynoso dijo que a través de sociedades
anónimas uruguayas se lavaba abundante dinero del narcotráfico. Advirtió
que los grandes carteles de la droga ya operaban en el país. Esto fue
público, incluso salió en los diarios”. Llegó también el de Sinaloa.
El cártel de Juárez llegó en 1997. Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los cielos,
jefe de esa organización mexicana, estuvo en la región buscando
establecer una zona de descanso o refugio cuando ya era muy buscado en
México por la DEA. Se lo llamaba Señor de los cielos porque
disponía de una flota de aeronaves DC-8 para transportar droga. En
teoría, Carrillo Fuentes murió por una infección posterior a una cirugía
facial a la que se sometió. Sólo en Argentina, el cártel de Juárez
habría realizado operaciones de lavado de dinero por US$ 1.200 millones.
En su libro Ojos vendados, el periodista ultraderechista
Andrés Oppenheimer relató que en 1997, “en un breve viaje de Argentina a
Uruguay, poco después del fin de año [de 1996], Amado Carrillo Fuentes
se enamoró de Punta del Este, el balneario uruguayo donde veranea buena
parte de la clase alta argentina y uruguaya. Tras contratar al
prestigioso bufete de abogados Posadas, Posadas y Vecino -dirigido entre
otros por el exministro de Economía y exsenador uruguayo Ignacio De
Posadas- para representarlos en Uruguay, los narcotraficantes mexicanos
adquirieron el chalé Holiday, en Punta del Este, por US$ 550.000”. El
mismo era propiedad del periodista Danilo Arbilla y la transacción
resultaba por demás sospechosa porque el precio de venta superaba
notoriamente el que la propiedad valía. Pero aun más sospechoso era que
el escribano Morassi, quien era el escribano de Búsqueda, no
hubiera cumplido con su obligación profesional de reportar la
transacción, máxime que la misma se hizo en efectivo y con plata que
presumiblemente había cruzado la frontera en un maletín. Al respecto,
informó La República: “La presencia de una banda mafiosa
lavando dinero de los narcotraficantes mexicanos también era investigada
en Uruguay por el exresponsable de la Dirección General de Represión
del Tráfico Ilícito de Estupefacientes, inspector general (r) Roberto
Rivero. Como consecuencia de esta investigación que involucraba a Danilo
Arbilla, se conmovió la Sociedad Interamericana de Prensa y tembló todo
el establishment. Pocos día después -añadía La República-,
fue destituido como director nacional de Policía por el ministro del
Interior, Guillermo Stirling, después de que en un oficio dirigido por
la Brigada Antidrogas del Este a la jueza de 4º Turno de Maldonado,
Fanny Canessa, se involucrara al director del semanario Búsqueda, Danilo
Arbilla, con las actividades de los narcolavadores”.
En verdad,
el ministro era Guillermo Stirling y el subsecretario de esa cartera,
Luis hierro López, quien hoy es el jefe de la campaña electoral de
Sanguinetti.
El presidente de la República en ese entonces era
nada menos que Julio María Sanguinetti, porque en su primer gobierno fue
cuando los principales cárteles de la droga aparecieron operando en
Uruguay. Y paradojalmente, el primero que la quedó fue el que combatía
el narcotráfico, el inspector Rivero, quien fue destituido pese a tener
una hoja de servicios excepcional, para no investigar al director de Búsqueda, Danilo Arbilla, quien en esos años llegó a ser un altísimo funcionario de la Sociedad Interamericana de Prensa.
Al respecto, mucho me complace cederle la palabra otra vez a Gabriel
Pereyra, que en su artículo “De la coca en la farmacia de principios
del siglo XX al sicariato del siglo XXI”, del 20 de febrero de 2016,
dice, refiriéndose a Roberto Rivero: “El policía coloniense limpió la
casa y comenzó a aplicar métodos de trabajo investigativo que eran
tendencia en el mundo: grupos compartimentados, enfocados a grandes
cargamentos y con uso de técnicas y tecnología, al menos la que se
contaba en el país. Rivero sería removido en medio de un escándalo por
deslices en una investigación cuyas consecuencias, y según sus
antecedentes, el oficial -que terminó su carrera como director de la
Policía Nacional- no merecía. Pero dejó instalados métodos de
investigación que provocaron al menos dos cambios en la represión del
narcotráfico”.
Estoy seguro de que Pereyra tendrá la oportunidad de preguntar a Julio María Sanguinetti, en su programa En la mira,
por qué destituyó a un oficial que enorgullece a nuestras fuerzas de
seguridad, como el inspector general Roberto Rivero, y si el motivo fue,
como se sospechó en la época y en la propia fiscalía antidrogas de
México, la venta de la casa de Punta del Este a Danilo Arbilla y las
omisiones del escribano Morassi, quien siguió haciendo negocios con el
cartel de Juárez con la impunidad que daba ser amigo personal del
entonces ministro del Interior, Guillermo Stirling.
Lo que sí
queda fehacientemente demostrado es que las bandas de narcos operaban en
Uruguay mucho antes (desde mediados de la década del 80) de que el FA
llegara al gobierno de Uruguay, como dijo mentirosamente el dos veces
expresidente (mediante elecciones militarmente tuteladas y con miles de
proscriptos en 1984) Julio María Sanguinetti.
Agrego que, según
varios especialistas, la pasta base de cocaína, terrible flagelo de
nuestra sociedad, se impuso en 2001-2002, plena crisis económica causada
por el desgobierno de Sanguinetti-Lacalle-Sanguinetti-Batlle.
“Y se acabó la joda”
A fines de los años 90 un delincuente menor de edad asolaba el Cerro Norte. El Rambo
se había vuelto famoso y distribuía drogas con una banda de
chiquilines. Siendo menor cometió su primer homicidio y pasó la mayor
parte de su vida en prisión hasta que murió con su enorme cuerpo de 1,97
metros de estatura y 142 kilos de peso, víctima de quien era su
sirviente en el Penal de Libertad, que le disparó cinco tiros a
quemarropa.
En 1998, el asesinato del joven Andrés Trigo y las
investigaciones que se llevaron a cabo en los años posteriores,
permitieron conocer que en Colonia se desplegaba una mafia integrada por
policías, jueces, y narcotraficantes que lograron mantener la impunidad
sobre este crimen durante una docena de años.
La muerte del prestamista y narcotraficante de la zona Lilo Rodríguez, la autoconfesión de un sicario, el Pegajoso,
Carlos Guillén, la prisión del asesino de Lirio Rodríguez, Alejandro
Píriz Brum, fueron objeto de investigaciones exhaustivas ya durante el
gobierno de Jorge Batlle.
En 2006 fue desbaratada una banda que
traficaba con cocaína y la llevaba a Europa. Esta operación fue
realizada por la Policía uruguaya en colaboración con la de otros países
-Argentina, España, Inglaterra- y llevó a la detención de conocidos
empresarios, contadores, abogados, que participaban bajo la dirección de
un narcotraficante, Alexander Pareja, y otros delincuentes.
La
operación se denominó Campanita y por ella fueron procesadas 29 personas
y se incautaron voluminosas cargas de cocaína. Esta banda operaba desde
principios de la década del 2000.
En el año 2008 Jorge Vázquez
alertó que las operaciones que conducía el hoy fallecido inspector
Guarteche iban a ser impiadosas con la droga y acentúo su decisión de
ser implacable con esa frase que destacamos en el subtítulo: “Se acabó
la joda”.
Las operaciones Cancerbero I y Cancerbero II terminaron
con la incautación de más de medio millar de kilos de cocaína que se
enviaban para España ocultadas entre las redes de barcos pesqueros. A
raíz de estas operaciones fueron detenidos empresarios de la pesca y
contratistas de fútbol; el más conocido fue Edward Yern.
Nos quedaron en el tintero las historias del inspector De Ávila, procesado siendo director de Cárceles, del Betito
Suárez o Gustavo de Armas, el jefe de los narcotraficantes de Cerro
Norte, para demostrar que la droga ingresó a Uruguay de la mano del
gobierno de Sanguinetti y que las principales actuaciones contra el
narcotráfico ocurrieron durante los años en que gobernó el FA; vamos a
recordar algunas palabras citadas de un reciente testimonio del senador
Charles Carrera, quien hasta hace poco tiempo fue director del
Ministerio del Interior.
“La realidad es que desde hace muchos
años -incluso durante la época en que Sanguinetti gobernaba-, el
narcotráfico operaba y lo hacía de manera organizada. […] Los datos
demuestran a las claras cómo, precisamente, fue durante la década de los
90 que el narcotráfico terminó volviéndose un flagelo. […] Hay algo que
es innegable y es que el FA ha desarrollado varias políticas para el
combate al narcotráfico. Ello incluye grandes operaciones en las que se
incautaron importantes volúmenes de droga en conjunto con una política
de combate al microtráfico, una actividad que si bien se manifiesta
mayoritariamente en la zona metropolitana, se ha ido extendiendo a todo
el territorio. En lo que va de este último período de gobierno, se han
cerrado más de 2.400 bocas de drogas en todo el territorio nacional y se
han incautado 400 kg de marihuana, 133 kg de cocaína y 57 kg de pasta
base, lo que representan unos $ 200 millones (unos 6 millones de
dólares) en cuatro años. Si a estos números de este último período de
gobierno le sumamos lo que significa el mercado regulado de la marihuana
(estimado por la Junta Nacional de Drogas en 18% del mercado negro,
casi 26.000 consumidores inscriptos a cuatro años de aprobada la
regulación), las cifras arrebatadas al narcotráfico aumentan
sensiblemente.
El
gobierno frenteamplista se ha plantado de manera firme ante un problema
que ya existía desde hace años, lo cual es fácilmente demostrable con
hechos y no palabras. Sin embargo, ante la mentira, debemos ir con la
verdad, con hechos y datos concretos. No debemos caer en el juego de
algunos nostálgicos que pretenden volver a utilizar la mentira como
herramienta política.
Como dijo Karl Marx, ‘la praxis es el único
criterio de verificación’, lo que después se popularizó bajo la frase
‘la única verdad es la realidad’.
El expresidente doctor Julio
María Sanguinetti mintió rotundamente al afirmar que ‘las bandas narcos
llegaron con el FA’, seguramente como forma de iniciar una campaña
insidiosa que se suma a las de rencor ya desarrolladas por la derecha.
Nada ni nadie podrá desmentir la falsedad con la que actuó”.
Por Alberto Grille.
Por Alberto Grille.


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