Olga Anglade una sembradora por siempre

Hoy despediremos a Olga, ayer ella partió. Son horas de la tristeza de la partida, las partidas de las personas que queremos, respetamos y rendimos homenaje siempre lo son, pero tambiĆ©n celebramos una vida de amor, compromiso, entrega, responsabilidad, inteligencia y militancia concreta. 

Decenas, cientos de testimonios dan y darĆ”n cuenta de la vida de Olga que hoy la seguimos redescubriendo, como el testimonio escrito por su yerno Carlos Molinari, hablar de ello serĆ­a un atrevimiento de nuestra parte, sin duda alguien lo harĆ”. Si queremos expresar agradecimiento, de ese que es eterno, grato, incondicional, el que proviene de los mĆ”s hondo de nuestros sentimientos y convicciones. 

Nuestro punto de contacto con Olga y su familia, ella dio a luz dos hijas y cuatro hijos, es su hijo menor RubĆ©n (Willy), nosotros tenĆ­amos veinte aƱos, RubĆ©n era el menor de los hermanos, diecisĆ©is aƱos en 1981. Ɖl estudiaba y militaba en nuestros cĆ­rculos de estudiantes de los liceos pĆŗblicos desde tiempo atrĆ”s. La represión sistemĆ”tica contra el Partido Comunista y la Unión de la Juventud Comunista venĆ­a arrojando a la tortura y la cĆ”rcel a cientos de militantes, muchos de ellas y ellos secuestrados sigilosamente en la calle y llevados al infierno de la Tablada. Esa ola represiva dejó cuatro desaparecidos; FĆ©lix Ortiz, Omar Paitta, Miguel Matto y Urano Miranda. 

Algunos zafamos, pero habíamos cortado todos los vínculos de nuestra vida concreta; dejado nuestros trabajos, estudios, amigos y familia. Solo estaban los compañeros y su confianza. Y ahí estaba Olga, una vez mÔs, ahora confiando en su hijo menor para dar resguardo otra vez mÔs. Y ahí en su casa de Lagomar, con el silencio cómplice de Don Ferrer, empezó alimentar la base afectiva y material para muchos de los clandestinos que éramos unos jóvenes sin ninguna trayectoria reconocida mÔs que nuestra militancia sin cortes desde el 73 o 71 según los casos o poquito antes; Aldo Lista, Felipe Martín y Fernando Gallardo. Luis Pereira y Blanca Bersanelli que eran como integrantes de esa familia en la cuÔl ninguno de los hermanos y hermanas se quedaban atrÔs. También estaría Mariana con su embarazo y luego con hija Valentina bebé (Alejandra Delgado mi esposa). Olga nos cobijó, nucleó, resguardo y alimentó.

Nos alimentó de cariƱo y afecto, pero tambiĆ©n de comida, de esa que no sobra sino de la que hay repartir en lo hogares humildes y dignos porque es escasa, que requiere de mucho trabajo y sabidurĆ­a. Nos dio Solidaridad de la verdadera, de la Ćŗnica que existe, de la que asume riesgos y reparte. Nos llevo dĆ©cadas comprender la magnitud del aporte y el valor de Olga en nuestras vidas concretas y tambiĆ©n su significado en cuanto al valor polĆ­tico de la misma.. Sin personas como ella la trama social que posibilitó la lucha polĆ­tica de perspectivas democrĆ”ticas y revolucionarias quizĆ”s un hubiera sido posible, le quito el quizĆ”s y afirmo que la lucha polĆ­tica de perspectivas democrĆ”ticas, revolucionarias y de compromiso humanista no hubiese sido posible sin personas como Olga. Ellas hicieron posibles que jóvenes como nosotros que un buen dĆ­a perdieron todos sus proyectos personales, crecieran y maduraran sin odio y con esperanza de que un mundo mejor es posible a partir de lo que hacemos dĆ­a a dĆ­a en el dĆ­a. 

Y lo de Olga o mamÔ Olga como le comenzamos a llamarla, no terminó ahí, muchos años después, ya anciana, nos convocó a sus cumpleaños, y ahí nos volvimos a encontrar y reencontrar con muchos hermanos de la vida en el seno de su familia, muy grande, por cierto. Olga Anglade volvió a otra vez mÔs a sembrar reencuentro, unidad, compromiso y esperanza.

Por Genaro Rivero